Ciclismo antiguo

Clasicómanos top entre los mejores ciclistas de la historia

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Entre estos diez clasicómanos hay casi cien monumentos ciclistas

No hay periodo tan sugerente en ciclismo como la primavera, el ciclo que los ciclistas se vuelven clasicómanos, por el amor a las carreras de siempre y no a los atemporales de la música.

En escasos dos meses, el mundo mira a Bélgica, Italia, Países Bajos y Francia, aquí ocurre lo gordo de la primavera, entre Het Nieuwsblad y Lieja, todos los ciclismos caben, cotas, muros, descensos, sterrato, adoquín… 

La atmósfera, el entorno invernizo, el paisaje estrecho, las lomas, los matices grisáceos, los albores verdes,… dibujan el cuadro más atractivo de este deporte, días en los que se recuerda el poso histórico que sigue residiendo en Europa, en la vieja Europa.

Hemos hurgado en la historia y nos hemos centrado en los monumentos, la meca de los clasicómanos, cinco carreras que atraen a los mejores ciclistas del mundo que, como cada año vemos, son complicadísimas de ganar.

Pues bien, en este pelotón de diez cocos van poco menos de 100 monumentos, el 20% de los logrados, por eso, en la saca de un sólo ciclista, el que encabeza muy en solitario esta lista…

· Eddy Merckx, ganador de 19 monumentos, se erige como el mejor ciclista de la Milán- San Remo (siete triunfos) y la Lieja- Bastogne- Lieja (cinco triunfos), sin que su rendimiento en los adoquinados se empañe con dos Flandes y tres Roubaix añadidos a éxitos en la entonces llamada Het Volk, Gante Wewelgem y Flecha Valona.

· Roger De Vlaeminck, ganador de 11 monumentos, es para siempre “co Monsieur Roubaix” merced a sus cuatro triunfos en la ciudad fronteriza. El titán flamenco también tiene los cinco monumentos en su haber, destacándose su siempre cordial rendimiento en Italia pues sus tres San Remo se unen a etapas en el Giro, la Tirreno,…

· Constance Girardengo, ganador de 9 monumentos, abrió la edad de oro italiana significándose en la Milán-San Remo que ganó seis veces entre 1918 y 1928 sumados a tres vítores en Lombardía.

· Fausto Coppi, ganador de 9 monumentos, destila leyenda, clase, glamour sex appeal,… la media Italia que lo adoró gozó de cinco éxitos en Lombardía, más tres en San Remo y uno en Roubaix, el mismo año que se hizo con la Flecha Valona.

· Sean Kelly, ganador de 9 monumentos, es el mejor clasicómano de los tiempos modernos, sólo emulado de lejos por Museeuw, Jalabert y Zabel. Dotado de una increíble ambivalencia ganó a pares San Remo, Roubaix y Lieja triplicando en Lombardía. Su honestidad le hizo rara vez salir a reservar y he aquí que es poseedor de registros tan singulares como las seis París-Niza que ganó consecutivamente.

· Rik Van Looy, ganador de 8 monumentos, apuntaló la pasión belga por estas citas. De hecho es como Merkx y De Vlaeminck, elemento común en el palmarés de los cinco monumentos. Se prodigó en Roubaix, con tres éxitos, y en Flandes, con dos, luego aderezaría con triunfos revestidos de adoquín en E3 y Wevelgem.

· Gino Bartali, ganador de 7 monumentos, se hizo grande en la temporada doméstica ganado en San Remo, cuatro veces, y Lombardía, tres. Este monacal ciclista que admiró la media Italia que denostó a Coppi tuvo el infortunio de convivir con una conflagración bélica que impidió un palmarés acorde a la leyenda.

· Fabian Cancellara, ganador de 7 monumentos, desde el primero que logró, una solitaria Milán-San Remo a la trilogía de éxitos en Flandes y Roubaix, victorias que no sólo hablan de un ciclista excepcional en todos su matices, también en la manera que evolucionó y supo adaptarse a las circunstancias.

· Tom Boonen, ganador también de 7 monumentos, fue otra de las leyendas cuyo templo vimos construir desde la primera piedra. Boonen lo centra todo en adoquines con cuatro Roubaix y tres Flandes. Que igualara a Roger en el infierno, hace diez años ya, no le gustó nada al viejo De Vlaeminck.

· Francesco Moser, ganador de 6 monumentos, se convirtió en el coco de Roubaix tres años seguidos, eso sí que es tentar a la suerte. En casa también hizo fortuna doblegando dos veces Lombardía y otra San Remo, curiosamente una carrera que por sus características podría haberse llevado muchas otras veces.

 

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