Ciclismo de carretera
En el sprint el ciclismo coquetea con el concepto peligro
Cuando decimos que el peligro es inherente al ciclismo, pensamos en un sprint
El sprint es ciclismo salpimentado, aderezado con pasión, fuego y peligro, mucho peligro, en definitiva, el hilo conductor de todo esto.
En ocasiones, cuando surgen debates como el que emergió tras la caída que le costó el abandono de Mikel Landa, no tenemos presente que el peligro es inherente a este deporte, sobre él se asienta, corre por sus venas y pone todo al límite.
En la percepción del peligro, en cómo lo gestione un corredor, el ciclismo puede decantar la balanza, un ganador u otro.
La historia ha dejado llegadas masivas que nos dejaron rotos en girones y un mal cuerpo que llevó horas levantar.
Queremos rememorar algunas…
Sin duda la primera jornada de la Vuelta a Polonia del año pasado.
En la disputa por el sprint, los dos neerlandeses Dylan Groenewegen y Fabio Jakobsen llevaron hasta el extremo su rivalidad a más de ochenta por hora, en una recta que picaba hacia abajo.
Dylan Groenewegen inició el sprint por el centro, pero paulatinamente se fue cerrando a su derecha, hacia las vallas, por donde intentó pasar Jakobsen, hasta que hubo un momento que no había sitio.
Jakobsen se estrelló contra las vallas, justo antes del arco de meta, cayendo en malísima postura: un accidente que le costó una recuperación dantesca, un milagro volver a verle en la bicicleta.
La maniobra irregular de Groenewegen , el golpe que se dio Jakobsen, la cantidad de ciclistas que se fueron al suelo, entre ellos caída, dio muestra de la gravedad de una caída de esas que se nos quedarán grabadas por siempre.
Manolo Sanroma en el recuerdo
En la historia reciente del ciclismo, los sprints han sido terreno abonado a sustos mayúsculos y terribles momentos como esa llegada de Vilanova en la Volta a Catalunya del año 2000 en en cuya aproximación Manolo Sanroma se dejo la vida.
Cabe irse unos años antes, al Tour de Francia, etapa final de la edición de 1991, la primera de Indurain, en la que Djamolidine Abdoujaparov, maillot verde, se enganchó con las vallas en la misma recta de los Campos Elíseos, teniendo que cruzar la meta a pie, arrastrando su bici, hecho unos zorros.
Quería mantener el maillot de la regularidad.
Tres años adelante, Tour de 1994, el primer sprint mascó la tragedia por un gendarme mal situado que fue arrollado por los ciclistas a mil por hora.
Laurent Jalabert escupiendo sangre fue la siguiente imagen que vimos en una tragedia que también secó la trayectoria ascendente del elegante velocista belga Wilfried Nelissen y el italiano Fabiano Fontanelli.
En la Vuelta de 1994, la última de abril, Mario Cipollini duró un suspiro pues en la llegada a Salamanca, ya en la primera etapa, una maniobra de cierre de su compatriota Adriano Baffi le estampó contra el vallado.
Cipollini se llevó un profundo corte en la frente y estuvo ingresado varios días.
Cavendish, peligro en las llegadas
Un tipo que ha provocado unas cuantas llegadas cargadas de peligro fue Mark Cavendish.

Otro incidente mayúsculo fue el de la Vuelta a Suiza de 2010, cuando Mark Cavendish chocó contra Heinrich Haussler provocando una caída masiva en pleno sprint.
La caída con mayor impacto visual de los tiempos recientes fue la del danés Tayeb Braikia en la Vuelta a Murcia de 2001, con la cara ensangrentada y heridas cuya descripción preferimos omitir.
Y es que lo que estos auténticos bólidos ponen en juego en cada llegada que enfilan, sólo lo saben ellos, aunque el sprint sea una de las disciplinas más bellas del ciclismo, el peligro acecha y emerge como en ningún otro lado.
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