Ciclismo
Bienvenidas, bienvenidos a la madre de las batallas: la París-Roubaix

Es imposible ver rivales en la gran dualidad de la París-Roubaix
No hay carrera que defina mejor el origen del ciclismo que la París-Roubaix, ese viaje al infierno que este domingo se viste de gala para lo que muchos ya bautizan como la madre de todas las batallas.
Estamos ante el último reducto, la frontera final donde Mathieu van der Poel debe plantar cara a un Tadej Pogačar que parece decidido a engullir la historia del ciclismo por los cuatro costados.
Han pasado tres semanas desde que San Remo y Flandes dictaran sentencia, dejando al neerlandés con el amargo sabor de la derrota frente al esloveno.
Ahora, sobre las piedras del norte, llegamos al foro definitivo donde Pogačar busca encaramarse a lo más alto de una disciplina que no le pertenece por naturaleza, pero que domina por ambición.
Es apenas la segunda vez que el esloveno se asoma al velódromo de Roubaix.
En su estreno, al igual que sucedió en su debut en Flandes, se tuvo que conformar sin la victoria, pero Pogačar no entiende de transiciones ni de aprendizajes pausados.
Regresa por el mismo camino, obsesionado con seguir nutriendo un palmarés que, paradójicamente, ya se analiza más por lo poco que le falta de importancia que por la inmensidad de lo que ya atesora.
Su forma de correr no ofrece dudas: será el ataque total.
Cabe esperar un Pogačar desatado desde Arenberg, si no antes, asumiendo el mando, tomando riesgos innecesarios para cualquier otro mortal y apretando las tuercas de la carrera hasta que salten las chispas.
Frente a él, Van der Poel juega en su jardín de pavés.
El neerlandés cuenta con el terreno a su favor, pero el plan del esloveno es claro: llevarlo al límite físico para mermar esa técnica exquisita que, junto a su fondo y motor, constituye su mejor baza.
Si Mathieu pierde la finura por el cansancio extremo, el Infierno del Norte se vuelve un lugar muy peligroso para él.
Más allá de este duelo fratricida, la nómina de aspirantes que manejan los mentideros internacionales, desde antiguos ganadores hasta invitados con ganas de gloria, palidece ante la realidad.
Aunque se hable de nombres ilustres con capacidad para dar la sorpresa, conviene ser honestos con el análisis: el primero de esos supuestos favoritos está, como mínimo, dos peldaños por debajo de los dos cocos que hoy polarizan el ciclismo mundial.
Sí pensamos en Van Aert, Pedersen y algún otro, el nuevo panorama ha sacado una estructura como Soudal, otrora dominante, de la foto.
Está todo dicho.
Todo lo que no sea estos dos es una monumental sorpresa que no me importaría sucediera ¿verdad Wout?
Este domingo no hay lugar para las medias tintas; o sobrevive el campeón o el caníbal termina de devorar el calendario.
Imagen: A.S.O./Pauline Ballet