Ciclismo
¿Gravel en la Vuelta? Esta vez sí
La Vuelta que sale hasta de supermercados evita el gravel de forma sorprendente
Ahí va Marc Soler escapado en la Vuelta 2019, en el tramo de gravel de la jornada de Andorra que acabara en el palmarés de Tadej Pogacar.
Es curioso la relación entre la Vuelta a España y el gravel roza lo anecdótico.
En un ciclismo moderno que abraza las pistas de tierra como el nuevo fetiche del espectáculo visual, la ronda española siempre ha optado por mirar hacia otro lado o meter el pie con una timidez curiosa.
Resulta hasta cómico analizar la trayectoria del organizador.
Durante décadas se ha vendido la imagen de carrera rompedora, capaz de plantar una salida en el helicubierta de un portaaviones, organizar un corte de cinta dentro de un supermercado, hacer entrar a los equipos a una plaza de toros o trazar contrarrelojes entre las montañas blancas de unas salinas.
Todo vale para el impacto rápido, la foto curiosa en el telediario y la búsqueda de la anécdota visual sobre el asfalto.
El problema llega cuando la innovación exige salirse del alquitrán y mirar hacia el ciclismo de base actual.
Mientras el Giro de Italia convirtió los tramos de sterrato en pasajes de culto instantáneo y el Tour de Francia no duda en meter sectores de tierra entre viñedos para agitar las clasificaciones generales, la Vuelta se muestra extrañamente reticente a darle un protagonismo real y continuado al gravel.
No hablamos de descubrir la pólvora a estas alturas, porque la disciplina ya dejó de ser una novedad hace años para convertirse en un pilar consolidado de la industria y de la propia competición.
Pretender que la tierra es un experimento arriesgado a estas alturas de la película solo demuestra una falta de lectura sobre hacia dónde camina este deporte.
Tener la oportunidad de meter tramos no asfaltados que conecten con la tradición de las viejas carreteras de montaña y rechazarlo sistemáticamente es una contradicción evidente para una carrera que presume de inventar formatos.
Preferir el atrezo de un centro comercial antes que el polvo del camino define las prioridades de quien diseña el recorrido que al menos hoy, camino de Castellón, ha metido un poco de tierra en un final que levanta expectación.
La tierra aporta incertidumbre real, colocación, pericia técnica y esa tensión que engancha al aficionado desde el primer kilómetro del tramo.
La Vuelta no puede seguir aferrada a sus muros imposibles sobre hormigón y a sus inventos de salida publicitaria, dejando escapar una superficie que encaja perfectamente con la geografía de la península y con la demanda de un público que exige espectáculo sin artificios de supermercado.
Si otros lo hacen, ¿por qué no aquí?
Imagen: Unipublic / José Antonio MIGUELEZ








