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Ciclismo antiguo

El eterno encanto de Laurent Fignon

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Laurent Fignon JoanSeguidor
Tuvalum

Imaginaros un vendaval como Laurent Fignon en este ciclismo que cabe en un excel

Laurent Fignon es un tema recurrente en este mal anillado cuaderno…

El 31 de agosto no es una fecha más. 

Es un símbolo, el final del verano, se acabaron las vacaciones, para una amplia mayoría, y se cruza la puerta de la rutina.

En ciclismo el 31 de agosto significa, desde hace nueve años, la efeméride de la muerte de Laurent Fignon.

Fignon, apellido contundente, fuerte, suena duro, áspero, pero por eso no engaña, se le ve venir.

 

Laurent Fignon era un peligro, un mal necesario, que cada año que pasa, miramos alrededor y entendemos los motivos de porqué lo extrañamos tanto.

Su ciclismo era duro, directo, no aguardaba, no iba con subterfugios.

 

Fue un niño prodigio, ganó esos dos Tours, tan fácil, tan rápido, que la época duró poco.

Pero su imagen fue, es icónica, de ese ciclismo en el que un director como el suyo, Guimard, conducía el coche sin camiseta, pelo en pecho y a grito pelado.

¿Qué sería de Laurent Fignon en este ciclismo?

 

 

Su ciencia era total, un ciclista con dotado físicamente, que no hacía las cosas de forma azarosa.

Formó parte de una generación que seguro trascendió al ciclismo.

Laurent Fignon entre el americano que volvió de un accidente de caza que casi le cuesta la vida para ganar dos Tours, Greg Lemond, y Pedro Delgado, Perico, el ciclista que sacudió el ciclismo español al punto de hacer este deporte un asunto de estado, nunca mejor dicho.

Ven a disfrutar del ciclismo en familia a Cambrils… 

Los tres son la punta de lanza de historias increíbles, posiblemente el ciclismo que mamamos de ellos fue el último que conectó con los grandes clásicos.

Con Laurent Fignon, esa lagrimita nostálgica de cualquier tiempo pasado rebrota en la entraña, es lo que hay. 

Aquel ciclismo de Laurent Fignon también tuvo etapas infumables, días de tedio, pero fue el primer ciclismo, y Laurent Fignon, con su eterna antipatía fue un cicerone genial, de esos que cada 31 de agosto recuerdas hasta con cariño…

 

 

Lo recuerdo ahí, en el asiento del copiloto, con la puerta entreabierta y los pies asomando por la ventanilla bajada.

Leía con atención un papelillo, no sé qué ponía.

Te ponías delante de él y no se inmutaba, no levantaba la mirada.

Pedías un foto y lo mismo.

El hombre de cera, vestido de esos colores tan característicos del Systeme U, los avispas les llamaron, en un diseño que el mismo trazó junto a su mentor, Cyrille Guimard para llamar la atención entre el pelotón.

Poco después se levanta. Cruza unas palabras con Charly Mottet y pone rumbo al control de firmas por entre las callejuelas del mercado de Sants.

A su lado, perenne, Sean Kelly, vestido de líder, mira a los ojos a la afición los atiende, firma y se deja querer por las cámaras. Dos mundos, dos personajes, dos leyendas.

Fue muy odiado por una parte notable de la afición. Era el vivo espejo del mal en el pelotón. Se vio atosigado por medio mundo. Su carácter altivo y distante fueron señas de identidad.

“Cuando gané mi primer Tour -en 1983- me convertí en tipo indeseable” admitió en su fenomenal libro.

Pero ahí residió su encanto.

Su laberíntica personalidad se plasmó en las situaciones más inverosímiles en carrera.

Su físico no le acompañó siempre, pero cuando estuvo de su lado, fue incontenible. Se le conoce por atacar en los avituallamientos, quienes le vimos en directo sabemos que eso fue la anécdota, atacó donde pudo y cuando pudo, convirtiendo la victoria de otros en un calvario, pues no había curva que trazar tranquilo con él al lado.

Fue Laurent Fignon, un ciclista de los que marca a fuego, de esos que en este pelotón arrancaría el jodido SRM de los Sky y lo tiraría cuneta abajo. Hoy hace seis años que falleció.

Una pérdida irreparable, un tipo irrepetible, sin duda, alguien del que hablar a nuestros nietos como el ciclista más singular que nos tocó ver en directo y por la televisión.

El corredor del escupitajo a la cámara de televisión, el corredor que ganó un Tour sin preverlo y perdió otro en la misma puerta de casa por ocho segundos, el corredor que fue estafado por los italianos en un Giro, el corredor que puso aire intelectual en el pelotón con esas gafitas y alargada coleta, el corredor que una vez retirado probó cómo se las gasta ASO, cuando engulló sin más la París-Niza que él organizaba, el corredor que siempre llevaremos en el alma porque nunca nos dejó indiferentes.

Imagen tomada de Stars Portraits

 

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Ciclismo antiguo

La contrarreloj que Indurain no acabó

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Tuvalum

Julián Gorospe fue la pareja de Indurain en aquella contrarreloj

Hace unos días, curioseando twitter, nos encontramos con esta historia sobre la contrarreloj que Miguel Indurain no acabó…

El Trofeo Baracchi fue una competición italiana de final de temporada que se disputaba en una crono por parejas

La primera edición se remonta a 1941 con victoria de Michele Motta, cuando aún se celebraba a modo de crono individual.

Fue en 1953 cuando se celebró la primera en dúo: la ganaría por tres veces Fausto Coppi acompañado por el también italiano Riccardo Filippi.

La prueba empezó en la Toscana, pero se mudaría al Trentino, concretamente a Trento, la capital de la región, sede de esa edición de 1985.

Seis años después se solaparía con el Gran Premio de las Naciones que ganaría Tony Rominger, volviendo a la fórmula de crono individual.

Por cierto, que el Gran Premio Eddy Merckx, otra prueba contrarreloj de gran prestigio, también adoptó la competición por parejas.

Entre sus ganadores estuvo la formada por Abraham Olano, ganador individual un año antes, y Chente García allá por 1998, el gran año del guipuzcoano que venía de ganar la Vuelta y el mundial contra el crono.

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Así las cosas, el sábado 28 de septiembre de 1985 se celebró un Trofeo Baracchi cargado de tantas figuras como pocas carreras podían aglutinar.

Por delante 96 kilómetros de eterno esfuerzo mano a mano con tu pareja, una contrarreloj que el dúo de Reynolds formado por Julián Gorospe y Miguel Indurain afrontaba ante los cocos de la época.

No en vano la pareja ganadora, formada por dos recordmen de la hora, Francesco Moser y el danés Hans Henrik Oersted marcaron un crono inferior a las dos horas en aquella eternidad, superando por 24 segundos a Caroli-Wilsin y dos minutos a Bernard y Wiss.

Los focos estaban en la pareja del momento, Bernard Hinault-Greg Lemond, primero y segundo por ese orden en el Tour de aquel año

El francés se vio incapaz de seguir al americano, toda una premonición, y su tiempo se fue por encima de los cinco minutos respecto a Moser, quien con esa victoria se situó como el mejor de todos los tiempos en esa carrera.

En el primer tramo de la crono, el danés Oersted llevó el peso y fue en ese punto cuando la crontrarreloj puso de relieve la calidad del dúo español de Indurain y Gorospe, pues en el primer intermedio marcaron el segundo mejor tiempo.

«Tuve un día fabuloso -dijo Julián Gorospe en Ciclismo a Fondo- de esos que vas sin cadena, pero Miguel no tuvo el suyo. Éramos la revelación de la prueba, ocupando el segundo puesto de la contrarreloj, pero Indurain cogió una pájara impresionante. Le llevé a rueda unos kilómetros, para que se recuperase, pero a diez de meta tuvo que bajarse de la bicicleta. Nos quedamos con las ganas»

La historia que narra Gorospe en esa contrarreloj es la de un joven Miguel Indurain que ese mismo año se había convertido en el líder más joven que jamás haya tenido la Vuelta a España.

El de Mañaria tenía entonces 25 años y era una de las grandes figuras del ciclismo vasco, siempre «enfrentado» deportivamente a Marino Lejarreta, dividiendo las aficiones.

Para esa época Gorospe ya era un ciclista con pedigrí, líder en la Vuelta que acabaría perdiendo ante Hinault camino de Ávila, Gorospe ya tenía una Itzulia y etapas en la propia Vuelta en su palmarés.

Para Indurain aquella contrarreloj fue una esas experiencias que nadie recordaría años atrás, pero que habla del camino lento, pausado y cargado de paciencia que supo conducirle con éxito hasta sus cinco Tours.

Diez años después el último cinco veces ganador en Francia ya no sería Bernard Hinault.

Imagen: Dorsal 51

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Ciclismo antiguo

#PodcastJS Fernando Escartín, el ciclista de la esforzada figura

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Fernando Escartin JoanSeguidor
Tuvalum

Viajamos al ciclismo que perpetuó Fernando Escartín

No pocos aficionados al ciclismo esbozan una sonrisa cuando surge el nombre de Fernando Escartín.

Pocos ciclistas conectaron de forma tan directa y sincera con el público a través de la incondicionalidad en el esfuerzo y la entrega en carrera.

Durante más de diez años Fernando Escartín fue uno de los ciclistas más queridos del público: no era el más laureado, tampoco el más elegante, creció rodeado de auténticos gigantes, pero supo rascar su sitio en el corazón del buen aficionado al ciclismo.

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Esa década de ciclismo parte del mismo Clas-Cajastur, el equipo de la tierra, que se hizo multinacional con Mapei.

De ahí a los mejores años liderando el Kelme, el equipo que ponía los gregarios a bailar para que Fernando Escartín volara y alcanzara metas increíbles como los podios en la Vuelta y el Tour y aquella etapa de Piau Engaly.

Años después aquellos años quedan lejos, pues hoy diseña recorridos que omiten las cronos y potencian las llegadas en alto: «Me equivoqué de época» cuenta, pero no cambiaría nada del ciclismo que le tocó vivir, un ciclismo que con todas sus imperfecciones le dio todo lo que tiene.

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Ciclismo antiguo

En España, el ciclismo es de escaladores

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Tour de Francia - Federico Martin Bahamontes JoanSeguidor
Tuvalum

El ciclismo en España no se entendería sin los escaladores

El ciclismo de España se vincula íntimamente con la palabra escaladores, esa estirpe que emergió, cuando medio país se dio cuenta de lo cerca que estaban los Pirineos los días que el Tour tenía a bien atravesarlos.

Una estirpe que ha pasado de generación en generación, trasladando el gusto por las cuestas, legitimando que cualquier gesta firmada en la montaña es más hazaña, pues se recubre de épica y leyenda enmarcadas en la belleza de las cimas.

Por eso, en pleno siglo XXI, la unión de las palabras ciclismo, España y escaladores sigue en plena forma, identificándose la montaña como el paradigma de lo que puede dar este deporte a este lado de los Pirineos.

De esta guisa, la revista Peloton Magazine recoge en esta pieza los grandes nombres de la escalada en España, en un viaje que nos trae grandes recuerdos.

Éste arranca desde el mismo 1930, cuando Henri Desgrange monta un Tour por selecciones y España llega capitaneada por un tal Salvador Cardona, para siempre el primer ganador de etapa español en el Tour.

En ese conjunto emerge Vicente Trueba, el considerado, posiblemente pionero de esta tradición

Dicen que Vicente pesaba 112 libras, al cambio menos de 51 kilos, y que entró en el Tour compitiendo en la categoría de turista, una forma amable de decir que competía solo, sin equipo, ni staff.

La ruta 100 por la Gran Canaria Ciclista

Hasta él tenía que arreglarse los pinchazos de una bicicleta que pesaba por dos de las actuales, minucia que no le impidió ser el primer rey de la montaña en 1933 tras ser una flecha por los puertos de los Pirineos y Alpes, especialmente en el Galibier, donde marcó un excelente récord.

Como buen escalador era excelente hacia arriba y negado en los descensos, pero con él empezó todo, la íntima relación de las palabras ciclismo, España y escaladores.

Le tomaría el testigo el paradigma, creo que mundial, de la escalada Federico Martín Bahamontes, quien ganaría el primero de sus siete premios de la montaña en 1954, un año después de conseguirlo Jesús Loroño.

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A día de hoy nadie tiene más KOM que Bahamontes: los siete del Tour más uno en el Giro y dos en la Vuelta

Con nueve le iguala Gino Bartali y con ocho les sigue ese témpano llamado Lucien Van Impe.

En la lista de conquistas de Federico Martín Bahamontes se contemplan casi todos los grandes puertos del Tour y eso que le tocó vivir paralelo a otro de los grandes de siempre hacia arriba, Charly Gaul.

La lista prosigue por el relojero abulense, Julio Jiménez, un ciclista de cuyas gestas no somos conscientes muchas veces, pero que colecciona éxitos tan singulares como aquel en el Puy de Dome el día que Tour estrenó televisión en directo para inmortalizar el duelo a codo con codo de Anquetil y Poulidor.

A Julio le sigue José Manuel Fuente, el ciclista más racial que haya dado el ciclismo en España en materia de escaladores y en cualquier otra, un competidor de rompe y rasga de cuya aureola se inspirarían Perico, José María Jiménez y Roberto Heras, tres nombres más de una historia en la que los de Peloton se han dejado unos cuantos…

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Ciclismo antiguo

Indurain y Valverde: Duitama no admite comparación con Florencia

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Tuvalum

Los marcajes de Indurain y Valverde en sus respectivos mundiales estuvieron a años luz

España es un país relativamente joven en la historia de los mundiales de ciclismo, pero si hemos de quedarnos con dos de siempre, Duitama y Florencia serían los extremos, gentileza de los que consideramos los dos mejores ciclistas a este lado de los Pirineos: Indurain y Valverde.

Entre ambos pasaron 18 años, una mayoría de edad que curiosamente adquirió el ciclismo español en una de las asignaturas pendientes que venía arrastrando desde el segundo cero de su creación.

En ese tiempo sólo queda al margen el oro de Alejandro Valverde, una de las victorias más deseadas del pelotón, en Innsbruck, todo lo demás entra directo en ese periodo, los tres oros de Freire, el doblete de Hamilton de Astarloa, las medallas del mentado Valverde… incluso hasta el registro singular de Abraham Olano, único ciclista capaz de ser campeón contra el reloj y de fondo.

Al ciclismo español le quedan otras asignaturas, no os penséis, como las clásicas del adoquín, pero en esas peleas, salvo Flecha nadie pareció estar con visos de salir exitoso.

“L’adoquí”, caja de productos y experiencias para los amantes de la bicicleta

Volviendo a Duitama y a aquella tarde-noche, por el horario de aquí, lo cierto es que hemos recordado y debatido ampliamente, en este mal anillado cuaderno, lo que pasó.

Incluso nuestro amigo Miguel González, nos trajo el otro día una opinión muy alejada de la nuestra en la que se volvía sobre si Olano debió o no disputar la jerarquía de Miguel Indurain.

Nosotros siempre defendimos que aquello fue de manual de primero de ciclismo, en una escapada en la que tienes ventaja numérica, lo normal es lanzar al segundo para que los rivales quemen cartuchos en la caza.

Aquello que vimos claro y de cajón se convirtió en el principio del fin para Abraham Olano, quien ganando ese arcoíris se cargó de un peso que le lastró para siempre.

Sin embargo, más allá de lo que Olano hiciera, la grandeza de Miguel quedó reforzada en un día que llevaba su nombre y apellido.

El control que ejerció para que su compañero volara al triunfo contrasta con lo que vimos en Florencia tantos años después.

Si en Colombia el gran rival fue Marco Pantani en Italia, la rueda de Vincenzo Nibali fue veneno para la selección española.

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Cuando Alejandro Valverde se obcecó en marcar al italiano y Rui Costa tomó metros, que luego fueron segundos irreducibles, la suerte de control y estrategia que Indurain sí supo plasmar para Olano, se esfumó en Valverde, para desgracia de Purito.

El catalán, como Olano, ejerció de segundo espada venido a líder, pero le falló la retaguardia.

Hizo la carrera perfecta, incluso la convenida con el propio Valverde, pues al murciano ya le iba bien que su compañero incordiara, pero la clave estuvo en el marcaje, dejar a Nibali entre él y Rui Costa, en cabeza, fue faltal.

De un oro y plata que muchos saboreábamos, se pasó a los dos escalones bajos del podio.

Valverde dijo que no pudo, que no le dio para salir a por el portugués, cuando sólo cabía esperar algo del luso, siempre escondido, siempre tan fresco.

Aquella tarde, como 18 años antes, hubo lágrimas, pero no de felicidad y sí de incredulidad, Valverde no había sido Indurain, y mira que lo tenía todo para romper la lanza a su favor.

La fotografía es ésta, la actitud y habilidad de uno y otro en un momento similar, separados por tantos años, sin más intención que poner negro sobre blanco lo que hicieron ambos en un momento crítico, y sin olvidar méritos de Valverde, quien fue clave para el tercero de Freire o una ayuda in extremis en la carrera final de Purito en los Juegos Olímpicos de Río.

Que siempre hayamos pensado que Valverde es y ha sido capo, no quita que haya realizado alguna labor para terceros, pero aquel día su perenne grandeza nos cayó a los pies.

 

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Resto de años 👇🏼

2011 @PhilippeGilbert : 35"
2012 Cancellara: 52"
2013 Moser : 41"
2014 @kwiato : 38"
2015 V.Avermaet-Stybar: 32"
2016 Cancellara: 43"
2017 Kwiato: 56"
2018 Benoot: 58"
2019 Alaphilippe-Fuglsang: 46"
2020 Wout: 52"
2021 V.Poel: 38"

#StradeBianche

🤝🏟️💙 @SebastianMoraV y @alberttorresb han estado toda esta semana concentrados con @RFECiclismo en el Velódromo Luis Puig de Valencia. Afinando muchos detalles sobre los peraltes de cara a los Juegos de Tokio y sus competiciones de pista de 2021.

📸 @GoTorresGoMora 🤗

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A Movistar no le vale correr como hasta ahora
https://www.ciclo21.com/movistar-team-2021-necesita-mejorar/
La opinión de @JoanSeguidor
© @bettiniphoto

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